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La Copa Mundial y la Masacre Israelí en Gaza: Un Dilema Moral

Hago la pregunta de si es o no un acto de negligencia moral el invertir tanta energía emocional en la copa mundial mientras el ejercito israelí bombardea despiadadamente al pueblo palestino en Gaza.

Es una pregunta que me hice este pasado miércoles, mientras en compañía de amigos y de mi hija Samantha, veíamos con gran ansiedad el partido entre Holanda y Argentina. El restaurante en el que nos hallábamos estaba repleto de la hinchada albiceleste, la cual, entre sorbos de cerveza Quilmes, tamborazos, y canciones populares, palidecía con genuino terror cada vez que los holandeses se acercaban a la portería argentina, a pesar de que no se esperaba que hubiese ningún muerto, independientemente del resultado.

Los palestinos también aman el fútbol.

Mientras observábamos absortos el partido, el gobierno israelí bombardeaba a Gaza. Un grupo de palestinos, en medio del horror del bombardeo y unidos al resto de nosotros en su amor al deporte, fue atacado mientras veían el mismo partido en un café; nueve de ellos murieron; quince fueron heridos.

Sé que algunas personas sancionan la ofensiva israelí, que empezó este pasado martes, alegando como justificación el secuestro y asesinato de los tres jóvenes judíos desaparecidos, y aduciendo que Israel solamente se está defendiendo. Pero la verdad es que los recientes acontecimientos representan apenas un capitulo más en una larga historia de desplazamiento y exterminación de palestinos por el gobierno israelí. Consideren el marcador macabro de esta barbarie desde que empezó el bombardeo: 0 muertos israelíes; 88 muertos palestinos.

Seguramente algunas personas harán la pregunta de si los mismos palestinos están siguiendo el mundial ¿Por qué no nosotros? Es una pregunta válida. Creo que no tiene nada de malo ver los partidos, o incluso enmudecer y palidecer con pánico cuando nuestro equipo favorito se ve en peligro, saltar de alegría ante la victoria, llorar por la derrota, en fin, tomar un descanso de nuestro quehacer cotidiano para sumergirnos en el frenesí de la copa.

Creo que lo importante es recordar que mientras millones de nosotros hacemos pausa para ver el mundial, una lluvia de fuego y hierro cae sobre Gaza, aniquilando a decenas de palestinos, entre ellos niños, y en su mayoría civiles. La pregunta entonces es ¿Qué hacer al respecto? Creo que es importante no callar; no ignorar la masacre; asegurarnos de que la pausa que tomemos de nuestra vida cotidiana no nos prohiba condenar esta infamia israelí en contra del pueblo palestino.

Es probable que entre muchas personas que están siguiendo el mundial, y que también están siguiendo la situación en Palestina, prevalezca la frustración, la sensación impotente de “no poder hacer nada desde donde estamos.” Sugiero que es mucho lo que podemos hacer. Podemos pronunciarnos en contra de la masacre. Podemos usar parte del tiempo que usamos para escribir comentarios sobre la copa escribiendo comentarios sobre las atrocidades en Gaza, compartiendo información, o escribiendo cartas a periódicos, a políticos, o marchando, o de alguna manera, desde donde estamos, haciendo clara nuestra indignación y condena.

Consideren la siguiente pregunta: ¿Qué podemos hacer desde donde nos encontramos para que gane nuestro equipo favorito? ¿Podemos cambiar el resultado final de un partido? No ¿Podemos hacer que un referí cambie de parecer con nuestros gritos de indignación? No, tampoco. ¿Podemos hacer que uno de nuestros jugadores haga mejores pases a sus compañeros? No, no creo.

Entonces ¿Por qué lo hacemos!?

Lo hacemos porque tiene un gran valor el vernos unidos por un deseo común, y angustiarnos, y llorar, y patear, y gritar, y reírnos o enfurecernos ante una gran victoria o injusticia. Y es lindo hacer eso ante un duelo entre países que luchan con todo su cuerpo y alma. Y es lindo ser partícipes de esa rivalidad entre naciones, ser testigos de esa guerra mundial que ocurre cada cuatro años y que termina sin la destrucción de ciudades ni la masacre de millones de personas.

Voy a llorar lágrimas amargas si pierde Argentina este domingo… Dios quiera que eso no ocurra! Pero antes, durante, y después de ese partido crucial, voy a pronunciar mi condena ante el crimen israelí en contra del pueblo palestino… Voy a gritar, patear, marchar, escribir, y llorar por mi pueblo palestino! Porque aunque no podamos detener las bombas desde aquí, sí tiene un gran valor el condenar la barbarie, y unirnos y solidarizarnos con nuestros hermanos y hermanas palestinas, y enfurecernos ante la injusticia y la masacre.

Voy a pronunciarme porque quiero que algún día Palestina se enfrenten a Argentina, a Alemania, a Irán, a Chile, o a cualquier país, en una cancha, sin bombas. Porque es importante soñar con ese día en el que podamos protestar los excesos y la corrupta codicia de la FIFA ante la miseria de los pueblos, sin tener que protestar la matanza del pueblo palestino ni de ningún otro pueblo. Es importante soñar con poder protestar en contra de estadios, sin tener que protestar en contra de bombardeos. Es importante exigir y luchar por un mundo en el cual las naciones peleen a muerte, pero sin que nadie muera.

 Digo basta al silencio, y exijo un alto a la masacre… y pase lo que pase este domingo, estoy con vos, Palestina!

 

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US World Cup Team: One Nation One Team… of Immigrants!

This past Sunday, as I watched the USA vs. Portugal world cup match at a local bar in my neighborhood, it was really hard to hear anything above the crowd’s roar: “U.S.A! U.S.A! U.S.A!” Clint Dempsey’s goal at minute 81 had given the United States a 2-1 lead over a battered Portuguese team struggling to stay alive. It was difficult to resist the patriotic furor, a sort of frantic and vociferous sirens’ call to embrace the home team and chant with the drunken masses as beer mugs clashed in the air and cheap American lager splashed down on hot wings and greasy French fries. But the irony of an all-white-American crowd cheering for a team 60% percent of whose players are immigrants did not escape me.

One Nation One Team!

Immediately after the second US goal Facebook posts went crazy with status reports both celebrating and lamenting the US lead over Portugal. Among those celebrating were some of my friends who are immigrant rights’ activists, people who have been actively fighting for comprehensive immigration reform for many years. Some of those activists have been working with domestic workers, who are overwhelmingly immigrant women, and overwhelmingly undocumented. Their efforts have concentrated on calls to the US government to pass laws to protect the rights of this group of workers, which is among the most disenfranchised in the American labor force. The demands include sick days, vacation time, overtime pay, workers’ comp, medical insurance, and other benefits and protections to which all workers should be entitled.

Other immigrant rights’ activists advocate for changes in policy to allow undocumented workers who are parents to US-born children to stay legally in the country until comprehensive immigration reform is passed. In other words, they advocate against family separation. Yet other activists concentrate their efforts on laws and policies protecting the rights of farm workers, who are exposed to infrahuman working conditions, including toiling in the sun under armed guard surveillance. At least 8 employers have been found guilty of modern day slavery in the fields of Florida.

The list of grievances around which immigration reform activists concentrate their efforts is long and multifaceted, but one of the main commonalities among the different struggles is that all these groups of immigrant workers and families are severely exploited by the industries that finance the campaigns of the very xenophobic politicians who are bent on keeping these workers “illegal.”

The goal that tied the game and saved the Portuguese team came literally at the last minute, complicating things for Team USA. Portugal’s problems are far from over, but at least there is the hope that Germany will defeat the United States, in which case a strong victory over Ghana might give them the lead they need to avoid elimination.

The crowd did not cheer!

As I became aware of the silence, I realized my glass of red wine was the only drink up in the air. As I withdrew it I wondered if my position could be deemed un-American or, even more importantly, if I could be deemed un-American. And then I remembered… I am not American; I am an immigrant!

The conflict I face is not one I should face by myself. As a nation the United States was founded and built by immigrants looking for a place where they could live with freedom and dignity. Today, the right to that freedom and dignity is being denied to undocumented immigrants who came to this country looking for a better life.

For some immigrants, like those in Team USA, the search for the American Dream may be over; the glory of playing in a world cup for the United States should provide enough protection from the racist and anti-immigrant atmosphere that dominates politics in the US. But for the vast majority of immigrants, who also came to this country looking for a better life, the One Nation One Team slogan provides no protection. There is no glory in their trade; no drunken crowd cheers for them.

But not all is lost… Portugal’s fate in this world cup may hang by a thread, but there is hope yet for them, and, who knows, they might still make it to the final. For Portugal, and for all undocumented immigrants, laboring in the sun, cleaning toilets, working construction jobs, taking care of rich white babies while their own kids are home alone, for all my people, unglamorous, uncelebrated, I raise my glass!

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